miércoles 30 de septiembre de 2009

Libros en el dominio público y derechos de traducción


La ley peruana (y la de todos los países de, al menos, Europa y América) reconoce y protege los derechos morales y patrimoniales de propiedad intelectual de los autores. Entre los que considera en su artículo 6°, inciso a: las traducciones y adaptaciones (Pueden ver la ley acá).

Los derechos morales le pertenecerán por siempre al autor, son inalienables (la famosa traducción de Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, hecha por Julio Cortázar, será siempre de su autoría, por ejemplo), pero los derechos patrimoniales se pueden ceder o heredar, hasta que, 70 años después de la muerte del autor en el caso peruano, y 30, 60 o 100 en el caso de otros países, pasan al dominio público, lo que significa que cualquiera tiene derecho a publicar y difundir la obra de un autor que está en el dominio público sin pedir autorización ni pagar a nadie por el uso de los derechos que le correspondían a dicho autor. Esto, mientras no se violen los derechos morales, es decir, mientras no se le niegue la autoría de la obra, fundamentalmente.

Ahora bien, supongamos que queremos reeditar Hamlet, de Shakespeare. Como desde hace muchísimos años la obra se encuentra en el dominio público, no tenemos que pagarle derechos ni a los inexistentes herederos de Shakespeare ni a la corona inglesa. Sin embargo, ojo, Shakespeare escribió en inglés. Por lo tanto, si queremos editar el libro en castellano, tenemos tres opciones: o usar la traducción de alguien que también esté en el dominio público (un traductor muerto, al menos, hace setenta años) consignando el nombre del traductor en la hoja de créditos, o usar una traducción más reciente pagando los derechos correspondientes, o hacer una nueva traducción.
Cualquier otra opción (mezclar traducciones, usar una existente cambiándole detalles, etc.) es una violación a la propiedad intelectual de la que algunos editores no son conscientes, ¿o sí?

martes 29 de septiembre de 2009

Las mujeres, Internet y la lectura

Retomo este blog después de meses mientras me encamino en una investigación sobre la relación entre demandas de lectura, políticas del libro y el trabajo de las editoriales independientes en Latinoamérica. Así que espero subir entradas más seguido que hasta ahora. Ahora mismo, recomiendo la lectura del número 4 de la segunda época de la revista Pensamiento Iberoamericano, llamado El poder de la diversidad cultural y coordinado por Néstor García Canclini y Alfons Martinell, que puede descargarse en pdf. Allí, Germán Rey publica un interesante artículo llamado "Las reubicaciones de la lectura. Libros, lectores y lecturas", del que extraigo esta cita:

"Las mujeres leen más que los hombres y tienen a su favor una cualidad extraordinaria: los niños estiman que su madre es la persona más adecuada para leerles en voz alta y la primera promotora del hábito de leer. La mujer, además de lectora es fundamental en la reproducción social de la lectura. Esta confirmación es bien clara tanto en la encuesta de Colombia, como en la de Brasil. En Brasil, el 82% de los no lectores no tuvieron en su infancia relación con los libros, mientras que en los considerados lectores este índice cae al 48%; el 55% de los lectores brasileños son mujeres. En España, es mayor el porcentaje de lectoras que el de lectores y en México la diferencia es casi inexistente. En Uruguay el 34% de las mujeres lee varios libros al año, mientras que sólo lo hace el 25% de los hombres, en Colombia las mujeres leen más libros (53,1%) que los hombres (43,5%) y en Argentina, el 50,4% de las mujeres lee ante el 42,4% de los hombres 15.
Pero la diversidad de las lecturas, es aún mayor y más rica. Se leen libros y revistas, periódicos y textos escolares. Como también manuales, historietas, cómics y folletos. Se lee sobre soporte físico y cada vez más sobre soporte digital. Y al hacerlo se entremezclan, de una manera creativa, el texto escrito con el video, la imagen fotográfica con las infografías y los sonidos. En México, el 56,4% de los entrevistados confirmó que leen libros, el 42% que leen periódicos, el 39% revistas y el 12,2% historietas.
El lugar común suele repetir que internet es un enemigo de la lectura. Semejante afirmación no se confirma en los datos de la encuesta colombiana. Los que leen más en internet son también los que leen más libros, los que más asisten a bibliotecas y los que tienen más libros en su casa. Las lecturas diversas son más complementarias que enemigas entre sí" (248).
Dos datos a tener en cuenta: la incidencia que las políticas de lectura deben tener sobre las mujeres y la necesidad de potenciar -en lugar de perseguir- el uso del Internet como herramienta para la formación (¿y retención?) de lectores.

lunes 8 de junio de 2009

Tres formas de lectura (o cómo decidir si publicar un libro en digital o imprimirlo)


El mundo de la edición de libros (Paidós, 2002), sigue siendo un referente para los editores que empiezan, así que iré posteando algunos de los que me parecen puntos clave del libro. En el artículo llamado «¿Qué es el libro hoy?», del editor Alejandro Katz, este se pregunta por las funciones que cumple el libro (impreso y digital) en el mundo actual. Y diferencia tres: "soporte de información, medio de entretenimiento y herramienta de conocimiento" (21).
Como soporte de información sus tareas básicas serían: almacenamiento de información (conservación y actualización) y sus moldeabilidad a la manipulación. En ambas tareas, los medios digitales tienen ventaja sobre los impresos lo que determina una clara tendencia: cada vez habrá menos diccionarios, enciclopedias, periódicos y demás medios de información que requiera actualización en formato impreso.
Como medio de entretenimiento sucede lo contrario: hasta ahora ningún medio digital ha conseguido (y es posible que no consiga por algunas generaciones más) superar la sensación de tener una buena novela entre las manos, sentir la textura y el olor del papel, convivir con un libro, subrayarlo, doblarlo, abrazarlo. Hasta ahora, en este terreno el libro tal como lo conocemos no está amenazado.
Finalmente, como herramienta de conocimiento, la cosa es oscilante: si bien hay que distinguir entre los productos altamente especializados y los ensayos de divulgación, usualmente aptos para no iniciados. En ambos casos persiste la convivencia entre ambos medios (con el consecuente riesgo para el editor). Es posible sospechar que en un futuro cercano los ensayos especializados solo se encuentren en la red, pero también que los de divulgación seguirán viviendo, como la poesía y las novelas, en nuestras manos.

domingo 7 de junio de 2009

La influencia de los libros (sería lindo que)


Este fin de semana hubo una masacre en Bagua, en la selva peruana. Los nativos estaban en paro desde hacía casi dos meses y habían bloqueado la carretera Fernando Belaúnde, demandando que el Estado no les quite sus tierras. El Estado, por supuesto, no pensaba quitarle sus tierras, solo había cambiado la normativa para poder dar en concesión a un par de empresas extranjeras la tierra que no es de sus pobladores sino de todos los peruanos. A partir del indignante hecho, leí en los diarios y oí en la radio a Alan García, a sus ministros Yehude Simon y Mercedes Cabanillas entre otros personajes (lo de Aldo Mariátegui, director de un diario de extrema derecha en Lima y nieto de José Carlos Mariátegui, en un síntoma paradójico de la realidad contemporánea peruana); y recordé la época de los caucheros, de la que sólo sé por libros que he leído, y pensé en muchos libros y autores (desde el propio José Carlos Mariátegui o Luis Millones hasta Foucault, Benedict Anderson, Bordieu o Badiou), cuyas lecturas tendrían que habernos liberado para siempre de situaciones como esta. Entonces comencé a preguntarme, ¿qué influencia ejercen los libros sobre sus lectores? Porque algunos libros interesantes deben haber leído Alan García y Yehude Simon. Así, me encontré con esto, que escribe Gabriel Zaid en Los demasiados libros y que comparto:

"Habrá que preguntarse, también, sobre la influencia del libro. Está claro que existe, pero no cómo funciona, ni qué tanto pesa, ni qué tan buena o mala es.

La hipótesis tradicional tiene un formato evangélico: la semilla se arroja, y en parte se pierde o cae en tierra estéril, o se ahoga o da muy poco fruto; pero unos pocos escogidos, de los muchos llamados, responderán transformando su vida y la de otros, multiplicando la influencia. Así se extienden las ideas, sobre todo si llegan a penetrar a quienes tienen el poder, o si los que tienen las ideas llegan al poder. Así se establece un diálogo o tradición a través del espacio y de los siglos, y algunos análisis de Aristóteles imprimen su carácter en las lenguas europeas y moldean las categorías mentales de cientos de millones que ni siquiera han leído a Aristóteles. Así, ese diálogo se va anudadno en hitos sobresalientes y permite ver, por ejemplo en la serie Hegel-Marx-Castro, cómo una influencia intelectual poderosa rige secretamente los hilos de la historia.

Todo esto es muy bonito y muy consolador, sobre todo para los que venden muy pocos ejemplares de sus libros y piensan que, después de todo, Hegel vendía menos. Pero puede ser simplemente eso: una manera de ahuyentar la pesadilla de la hipótesis contraria, tampoco demostrada, pero no menos difundida: que escribir es ponerse al margen de la realidad. Sócrates no creyó en la importancia de escribir. Rimbaud y Juan Rulfo dejaron de hacerlo. Muchos religiosos y revolucionarios se han sentido culpables y narcicistas cuando se han sumergido en una acción (la de escribir) cuyas consecuencias son tan poco claras. Los sentimientos de culpa de la gente que escribe son conocidísimos, y en parte explican la obsesión de poner la pluma al servicio de «causas útiles», para sentirse menos inservibles. Si pudimos esperar hasta 1966 para tener en español la Fenomenología del espíritu, sin que se haya caído el mundo de habla española por falta de Hegel, y si ahora que tenemos la traducción seguimos sin leerla, y si Castro declara públicamente que no ha leído más que las primeras páginas de El capital, ¿de qué estamos hablando al hablar de influencia de los libros, ya no digamos en las masas?

Habría que distinguir y medir separadamente un cúmulo de fenómenos distintos en la llamada influencia del libro. Una cosa es el renombre de autores o títulos, otra la venta efectiva de ejemplares, otra la lectura de los mismos, otra la asimilación y difusión del contenido, otra los nexos causales entre los fenómenos anteriores (renombre, venta, lectura, asimilación, difusión) y los hechos observables en el comportamiento del público.

Se puede tener renombre de escritor sin haber escrito un libro, o, en caso de haberlo escrito, sin que se venda, o, en caso de que se venda, sin que se lea, o, en caso de que se lea, sin que nada cambie. Se puede vender mucho sin tener renombre. O se puede influir mucho sin haber escrito. Se trata de una constelación de fenómenos próximos, pero distintos.

Y todo está por estudiarse. ¿Sirve realmente la «poesía comprometida»? ¿Daña realmente la literatura pornográfica? Los suicidas wertherianos, de no leer el Werther, ¿se hubieran suicidado? La lectura de Marx, ¿produjo el 26 de julio en Cuba? La lectura de los evangelios, ¿produjo el bombardeo de Hiroshima?"

Cierro el libro de Zaid y no me siento más tranquilo. Al contrario, como editor, como lector y como ciudadano me siento más inquieto, y comparto la inquietud, la indignación (porque Bagua y una historia que no cesa de repetirse) y la esperanza.

viernes 2 de enero de 2009

¿Para qué sirve un editor? (primera parte)


Cuando uno piensa en algún libro, es muy posible que recuerde al autor, quizás al traductor, quizás incluso la editorial, pero es prácticamente imposible que sepa quién es el editor. Eso (que está muy bien) no significa que el editor no sea importante para que ese libro exista, y valga o no la pena. Aquí hay que hacer una distinción importante entre dos especímenes distintos, llamados en inglés publisher y editor, y en español unificados bajo el nombre de editor. Aunque esa distinción merece un post aparte, puede definirse brevemente al publisher como aquel que toma la decisión final sobre la publicación de un manuscrito, o la reedición o traducción de algún libro, financia o agencia la financiación de dicha publicación y controla el proceso del libro o encarga a alguien dicho control. El editor, en cambio, propone al publisher la publicación o no de tal manuscrito, la reedición o traducción de cual libro y, una vez aprobada dicha publicación, se encargará de la relación con el autor, con el corrector, con el diseñador, etc. El publisher puede hacerse exitoso o quebrar, el editor puede ganar mucho dinero o ser despedido.

Hecha la distinción, este post se ocupará del segundo tipo de editor, el editor. Eso porque en estos días leí el artículo Ser un editor de Michael Kandel (escritor, traductor y editor en Harcourt), que apareció en el número de noviembre de El Malpensante. Aunque Kandel se refiere al medio estadounidense (muy distinto al nuestro), en el que el editor cumple básicamente la función de filtro, de “perro guardián” de una editorial, dando el primer sí o el último no a una propuesta que luego puede ser un gran éxito o un rotundo fracaso. Él resalta la cualidad básica del editor: el sentido común.


Un editor debe controlar que la información consignada en un libro sea fidedigna o, si se trata de un libro de ficción, verosímil, pero también que la portada del libro guarde relación con el contenido y quizás incluso que en la foto de la solapa el autor no aparezca ni delante de su biblioteca ni con lentes de sol en una playa. Este sentido común del editor debe ayudar al autor a comunicar de mejor manera aquello que quería decir, al publisher a publicar un libro que encaje cabalmente en su catálogo y que le permita ganar más dinero (o perder menos), y al lector a encontrar en el libro adquirido aquello que el libro prometía. No parece una tarea muy difícil, pero basta darse una vuelta por cualquier librería o biblioteca para notar que sí lo es.

domingo 12 de octubre de 2008

[herramienta editorial] 2.0

Tras un inicio entusiasta, el blog [herramienta editorial] se detuvo por largos viajes, una computadora rota, un cambio de trabajo, de casa, otra computadora rota y la desaparición terrible de mis tres correos electrónicos habituales (vargasluna@hotmail.com, j.vargasluna@gmail.com, ixj_imjj@yahoo.es), que ahora no me permiten, aunque quiero, recuperar el blog, quedó perdido para siempre (igual que mis correos) .
Pero ya tengo un correo nuevo: jaimevargasluna@gmail.com, y he decidido, a sugerencia de amigos y lectores, retomar el blog, espero que con mayor regularidad.
Gracias por la lectoría.